¿Y ahora qué? Lo que realmente pasa después de graduarse
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Hay algo que nadie te puede explicar bien mientras estás todavía en la u: cómo

se siente el momento en que por fin te toca salir al mundo laboral. Uno pasa años metido en la misma rutina de clases, trabajos, exámenes, proyectos... y de la nada llega el día en que hay que salir a buscar oportunidades de verdad y demostrar
todo lo que se supone que aprendiste. Para entender un poco mejor esa transición, hablé con Christopher Turton, exalumno de Comunicación Audiovisual de la UNIS, que me contó algunas de las cosas que ha vivido desde que dejó las aulas y se enfrentó a la realidad profesional.
El primer salto: salir de la zona conocida
Cuando uno piensa en graduarse, casi siempre se imagina que conseguir trabajo va a ser el siguiente paso, casi automático. Pero para Christopher, una de las partes más importantes, y también de las más difíciles, ha sido justamente la búsqueda de empleo. Y más allá de encontrar la oportunidad correcta, hay algo que él cree que es clave: estar dispuesto a arriesgarse.
Entrar al mundo laboral, me dijo, implica un cambio de visión y de rutina. Después de años acostumbrado a la dinámica de la universidad, llega el momento de salir de esa zona conocida y empezar a tomar decisiones distintas. Y ahí aparece una realidad que tal vez ninguno de nosotros quiere escuchar todavía: graduarse no garantiza que vayas a encontrar de inmediato el trabajo que querés.
Lo que sí se aprende en la universidad
Aunque la transición al mundo profesional puede ser complicada, Christopher reconoce que sí hubo cosas de la carrera que lo prepararon. Cuando le pregunté qué cosas de la universidad realmente le sirvieron después de graduarse, no dudó en mencionar las prácticas y los ejercicios que hacía dentro de las clases.
En especial recuerda la clase de fotografía. Ese tipo de experiencias le permitió llevar los conocimientos más allá de la teoría y meterse de lleno en ejercicios prácticos, mucho más cercanos a lo que realmente significa trabajar en el área audiovisual. Y es que en una carrera donde crear, grabar y producir son el pan de cada día, aprender haciendo termina siendo tan importante como lo que se aprende en los libros. Eso al menos a mí me quedó bastante claro escuchándolo.
Cuando trabajar con alguien cercano no sale como esperabas
No todas las experiencias profesionales son buenas. De hecho, a veces las más difíciles son las que más enseñan. Christopher me contó de una vez en que un familiar cercano lo buscó para trabajar en algunos proyectos. Lo que pudo haber sido algo sencillo terminó convirtiéndose en una experiencia complicada.
La actitud durante el trabajo dejó mucho que desear y le generó varios problemas. Además, sintió que su trabajo no era realmente valorado, e incluso que se intentaba bajarle el precio a lo que hacía. De ahí sacó una enseñanza que creo que le puede servir a cualquiera que esté empezando su carrera: saber hacer algo no es suficiente; también hay que saber cuánto vale lo que hacés y aprender a defenderlo.
Las dudas también forman parte del camino
Antes de llegar al mundo laboral, también hay momentos de incertidumbre dentro de la propia universidad. Esto lo sé bien porque a mí también me ha pasado. Christopher recuerda que una de sus principales inseguridades era no saber si iba a terminar la carrera. Y aunque desde fuera pueda parecer raro que alguien que finalmente se graduó haya tenido esas dudas, ahí está justo una de las partes más reales de su historia.
La universidad no siempre es un camino seguro. Hay momentos en los que uno se cuestiona si está tomando las decisiones correctas o si de verdad va a llegar hasta el final. Pero llegar al otro lado demuestra que tener dudas no significa estar en el camino equivocado. Eso, la verdad, se siente bien escucharlo de alguien que ya pasó por ahí.
Lo que le hubiera gustado que le enseñaran
Si pudiera regresar a sus últimos años como estudiante, Christopher cambiaría algunas cosas.
Una de ellas sería llegar más preparado a algo que muchas veces se aprende hasta que ya estás afuera de la universidad: ponerle precio a tu trabajo.
Según él, es común llegar al campo laboral sin saber exactamente cuánto cobrar por un proyecto. Y aunque las habilidades técnicas importan, conocer el valor económico de esas habilidades importa igual. Esto me parece algo que muy pocas veces nos enseñan dentro del salón. También cree que le habría servido tener más información sobre lugares donde rentar equipo para grabaciones. Para quienes estamos empezando en el mundo audiovisual, no siempre es posible tener todo el equipo necesario, así que conocer buenas opciones para conseguirlo puede facilitar mucho los proyectos.
Un consejo para los que todavía estamos en la universidad
Después de hablar de empleo, inseguridades, experiencias difíciles y aprendizajes, quise cerrar la conversación con algo sencillo: si pudiera volver a su último año de universidad, ¿qué se diría a sí mismo?
Su respuesta fue directa.
Si sabés que un proyecto va a salir caro, empezá a ahorrar desde antes. Pero, sobre todo, no te rindas. Seguí hacia adelante y mantené la cabeza en alto.
Creo que esa es, tal vez, la mejor forma de resumir todo lo que Christopher ha aprendido hasta ahora. Y la verdad, después de esta conversación, me quedo pensando que la vida después de la universidad no siempre empieza con todas las respuestas. A veces empieza con dudas, con trabajos que no salen como esperabas y con la necesidad de aprender cosas que nadie te explicó antes.
Pero también empieza con la oportunidad de descubrir cuánto valés, qué podés hacer y hasta dónde estás dispuesto a llegar. Porque graduarse puede ser el final de una etapa, pero definitivamente no es el final del aprendizaje.
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